Cuando una se entera de que le quedan dos días de vida no sabe muy bien cómo reaccionar, es una sensación muy similar a que te acepten en un puesto de trabajo, no sabes si alegrarte o echarte a llorar.
Está bien moriré con las botas puestas- Afirmo mientras me introduzco un trozo de turrón en la boca y mi amiga holandesa me mira con cara de preocupación. Literalmente será así porque trabajo y si hay algo seguro en este mundo es que llevaré puestas unas botas llenas de mierda de foca.
Por otro lado, quizás los aztecas hicieron una premonición un tanto abstracta porque desde luego yo a partir del 21 de Diciembre cada año muero un poco más de lo habitual. La intensidad de las luces, los villancicos, el azúcar, las grasas consumidas y la presión familiar merman mi salud a pasos agigantados. Estas navidades no estaré en España para poder disfrutar de la bacanal y de los infinitos días comiendo sobras. A cambio viviré en una pequeña construcción prefabricada desde donde el día 5 de Diciembre suenan atronadoras canciones de navidad y donde cada vez que cae un copo de nieve la emoción es comparable al resultado de repartir éxtasis en una escuela de secundaria.También vivo en una espiral de tradiciones navideñas oriundas de todas partes del mundo.
En Holanda, por ejemplo, el día 5 de Diciembre un señor muy parecido a un Papa Noel que le ha robado el traje al Papa de Roma llega para repartir regalos, chocolates y otros dulces a los niños/as. Este hombre con gran barba blanca llamado SinterKlaas es originario de España (así como os lo cuento) y cuando un niño/a se porta mal, el barbudo lo coge, lo mete en un saco y lo lleva de vuelta a España. Y no me extraña porque desde luego ¿Qué peor castigo puede haber?
En Australia donde también llega Santa Klaus con vestido de felpa roja y gorrito con pompón en pleno verano austral, no va en un trineo tirado por renos voladores ¿Qué clase de locura es esa? sino por canguros albinos voladores.
En Alemania donde hay de todo menos gente fría y distante van a misa y cenan sopa de patatas. Estos alemanes sí que saben sacarle el jugo a las fiestas.
Mientras pienso si esto daría para una tesis observo que en frente de mí la chica holandesa continua reflexionando en voz alta sobre el inminente fin del mundo y las señales que lo predicen como el varamiento hace una semana de dos ballenas en la isla de Texel, las matanzas escolares, etc. Intento prestar atención pero entonces caigo en la cuenta de que en España la noche del 24 un gordo barrigudo baja por la chimenea, un carbonero baja de las montañas para repartir dulces a los niños y un trozo de tronco caga turrón y almendras cuando es apaleado. Joder está claro que este mundo se va a la mierda.















